COMENTARIOS PARA LECTORES OCASIONALES

Inauguré este sitio con 5 artículos que ya tenía escritos, entre 2003 y 2005. Algunos analizaban un momento particluar y pueden sonar desactualizados, pero en la mayoría de los casos son hechos cuyos efectos perduran.
A partir de ahí voy subiendo mis comentarios que considero más interesantes para el público interesado en temas políticos. En general tratan temas de política internacional, de Argentina y Latinoamérica. Muy rara vez escribo sobre la política local de mi provincia, Tucumán.
Espero que disfruten del blog.

lunes, 28 de abril de 2014

PERONISMO

Reflexiones Domingueras

27-04-2014
Los domingos recorro con un poco más de detenimiento los diarios, porque a diferencia de los días de semana, hay algo más de información elaborada, a diferencia del vértigo diario de asesinatos, robos, cortes de ruta y declaraciones desacertadas de políticos, vedettes o deportistas de ocasión. Leo a Horacio Verbitsky, cuyo análisis de la realidad tiene generalmente una agudeza que me agrada y sus informes demuestran siempre al menos dos elementos interesantes: muy buenas fuentes en lugares claves del entramado institucional y buen conocimiento legal. Ahora, a pesar de tener entre los amigos del FB varios que adhieren a profundas consignas del tipo "andate yegua" que al leerme me identifican como un peronista de primera hora, nunca adherí a esa corriente filosófica ni tengo intenciones de hacerlo. Me desembaracé de una pátina gorila con la que crecí gracias a las opiniones de mis padres que padecieron por distintas razones la primera etapa peronista. Por parte materna un rechazo visceral por ella identificarse con una estirpe de clase perjudicada por la indispensable redistribución de ingresos y el perjuicio directo ocasionado a mi abuelo, dueño de la proveeduría de un ingenio al que los trabajadores se veían obligados a canjear los vales con que pagaban una parte de su sueldo. Doy fe del buen corazón de mi querido abuelo y la falta de mala intención de su parte y cuyo único pecado fue ser paisano y amigo del dueño de ingenio, franceses ambos. Las autoridades de la época lo metieron preso porque su balanza tenía un error por encima de lo aceptado por norma. Inútil fue el detalle que la balanza erraba en su contra, indicando menos de lo correcto, con lo cual mi abuelo vendía de más azúcar y yerba que lo pactado con los clientes. Mi padre, en cambio, hijo de campesinos de toda la vida y sin pretensiones de tipo hematológicas, ganó una beca Fullbright en 1952 y necesitaba un pasaporte para viajar, algo que no le entregarían si previamente no se afiliaba al partido del general cuanto valés. Con los años fui aprendiendo historia argentina y comprendí la imperiosa necesidad de un drástico cambio de procederes en un país acostumbrado a ser atendido por sus dueños, minorías privilegiadas por la monarquía que nunca perdieron ni sus posesiones ni su ambición por manejar los destinos del país. La formidable obra de reparación histórica de la gestión peronista no puede ser desmerecida y menos por la falacia que históricamente gobernó el país de una manera u otra desde su propia fundación como colonia. Pero el cambio logrado no estuvo sustentado por profundos conceptos ni políticos ni filosóficos ni económicos que den un marco definido al movimiento. Verbitsky hoy analiza con pinceladas de autocrítica las profundas divisiones del movimiento que llevaron a los actos de violencia irracional de 1973 y 1974 y los muestra más o menos como errores de procedimiento y de falta de perspectiva histórica de sus protagonistas, cuando, a mi entender, no son más que las consecuencias de una estructura partidaria que insistió en tener entre sus filas corrientes de opinión absolutamente irreconciliables y manejadas con total falta de escrúpulos por el líder mismo. Y no solo sus caprichos generaron el baño de sangre que sus seguidores provocaron durante sus últimos dos años de vida, sino que las divisiones, las contradicciones ideológicas y la violencia entre sus facciones afines perduran sanitas y coleando hasta nuestros días. Su escudito y la marcha adornaron el proceso que liquidó al estado y provocó el hambre y la desintegración del país, desmantelando su aparato productivo y quitando los medios mínimos de intervención por parte de la sociedad en su destino y los mismos símbolos acompañan al proceso de intenta desesperadamente recuperar algo de equilibrio y autonomía y devolver algunos de esos instrumentos, empresas y herramientas de política económica que se rifaron alegremente durante la década anterior. Y hoy las opciones más probables que se prometen como alternativa y cambio surgen de exactamente el mismo partido, acompañado por impresentables que sabemos son afiliados de la primera hora. Y para cerrar el comentario, la oposición ahora se junta toda también bajo un mismo sello de goma. O sea que, de seguir todo como hasta aquí, en el 2015 se elegirán entre dos o tres posibles opciones que no garantizan al electorado un sesgo alguno sobre rumbos, políticas ni corrientes de pensamiento de cara al futuro. No son ni de centro, ni de derecha, ni de izquierda, sino todo lo contrario. En eso coincido con el hoy pobre análisis del querido Perro Verbitsky cuando con nostalgia rememora el último acto de su general favorito cuando expresa que el gran pueblo argentino es su único heredero. Y así nos va. Gracias a su aporte de ideas el país puede construir una formidable infraestructura de herramientas sociales y productivas para rifarlas luego, tratar de recuperarlas más adelante, y vaya a saber qué hacer de eso en los próximos años. De pensar, poco y nada.

lunes, 11 de marzo de 2013

RUMBOS - Sobre la muerte de Chávez

Semana movidita si las hubo. Las conclusiones y los análisis están por todas partes, no quiero redundar en eso. Pero sí me gustaría mencionar algo que percibo desde la distancia, desde una altura tal que podamos abarcar nuestro querido continente y alrededores. La caída del muro de Berlín se celebró anticipada y erróneamente como el triunfo de las ideas individualistas y liberales sobre los conceptos integradores y socialistas, mal sintetizados por la guerra fría entre USA y la URSS. Digo mal sintetizadas porque esa guerra la protagonizaron dos superpotencias y sus cuitas poco y nada reflejaban las peripecias y necesidades de un sinnúmero de países "de a pie", más chicos, menos militarizados, menos desarrollados. Fukuyama proclamaba el fin de las ideas que no era otra cosa que decir, "dejen de pensar, mis ideas prevalecieron." En la práctica eso se tradujo en un "Consenso de Washington" que su propio nombre es una contradicción en sí misma, sabiendo que un país como Argentina, en Washington, no puede consensuar demasiado que digamos.
A caballo de eso se montaron los UCD y los más impresentables del peronismo para liquidar un país, que a los tropezones pero aceptablemente, había contenido a su sociedad hasta la llegada de la última dictadura con su circo de asesinos físicos, sociales y económicos que lisiaron de gravedad cualquier equilibrio logrado tras generaciones de esfuerzo.
Como eran de esperar, los experimentos económicos, que no se aplicaron en ningún "país serio del mundo" terminaron devastando desde los vulnerables como Jamaica y Argentina, hasta sólidas economías como Corea del Sur y Brasil, Rusia incluida.
¿Cómo se salió de eso? Con política, con ideas, con sensibilidad y participación social. Las ideas no murieron, fueron anestesiadas para que la anti-política hiciera de las suyas. Hoy los grupos económicos son mucho más poderosos e influyentes que en la década del 70 y la gente, salvo puntuales excepciones, vive peor o con más dificultad que entonces.
Ver un continente movilizado, dolido, hermanado e intercambiando palabras de comprensión y aliento no puede ser mejor síntoma de los tiempos que corren. Estamos llenos de política, de ideas, de integración. Recuperamos el concepto de "tejido social". Yo no me salvo, o mi salvación no tendrá intensidad y sentido si mi prójimo se pierde en el camino. Es un "tejido", un entramado social donde el peor de los mensajes es una filosofía de "sálvese quien pueda" o la darwinniana de "sobrevive el más apto". Las oposiciones en general no comprendieron el cambio de época, dedicadas a denostar a los gobernantes están asombrosamente carentes de ideas, cuando es eso lo que se está demandando de ellas. Algún idea "nuestra", algo superador, algo acorde al siglo XXI. Importar experiencias de otros países, mejor fundados, con pasados más consistentes o con otro grado de desarrollo, con otras idiosincrasias no sirvieron y el votante ya sospecha de eso. El gran ejemplo Chile no pudo sacudirse de 17 años pinochetistas que los tiene todavía sin que logren diagnosticar sus males. Los grandes centros de opinión los tienen como ejemplo pero deben convivir con un obrero minero ganando 70 u 80 veces lo que gana un jubilado, empleos precarios y una educación solo accesible a los que pueden pagar. El otro ejemplo de liberalismo que sobrevive en el continente es Colombia, donde la izquierda se estigmatiza con una guerrilla tan absurda como demodé que cree que plantarse 50 años en la selva es sinónimo de movimiento o evolución social, con armas y todo. Patético, contraproducente y totalmente innecesario. Un ejemplo de lo que digo es el didáctico almuerzo con Mirtha que reapareció por los medios y que compartieron Chávez y Macri, allá por 2003. La mayor esperanza de la diestra vernácula hablando un rosario de lugares comunes sobre mirar al futuro, hacer las cosas bien y otras profundidades conceptuales mientras nuestro desaparecido bolivariano le daba una lección de contextualización histórica y de pertenencia imprescindible para cualquier proyecto político.
O el decadente análisis de Lilita que trata de convencernos que la masiva despedida a Néstor Kirchner era una puesta en escena, una obra de teatro. La bronceada candidata crónica no tiene idea de lo que pasa en la calle, o subestima al destinatario de sus locuras. Ambas posibilidades explican su desaparición política, a pesar de su permanencia mediática.
Podemos no coincidir en las ideas, en los personajes, en los métodos, pero el pueblo latinoamericano despertó de un letargo demasiado largo, hoy está de pie defendiendo lo logrado, y si a alguien no le gusta, tendrá que presentarse con algo superador, algo que lo convenza que lo ofrecido es mejor que el muy imperfecto presente que se tiene, y eso requiere pensar, elaborar y presentar IDEAS, conceptos, discursos. En una palabra, hacer POLITICA, nuevamente, como nunca se debió dejar de hacer. Desde Pericles hasta Obama, donde hay o hubo una democracia, al soberano hay que convencerlo, más aun cuando está despierto y atento.
Dije muchas veces, me felicito vivir en este continente, tan hermoso, tan injusto y tan golpeado, que tenemos mucho por hacer y es fácil y emocionante sentirse protagonista de estos cambios. Y al ser un continente inmensamente rico, los cambios se perciben rápido, no se pueden disimular o negar. Argentina era un país integrado y por ahí muchos pueden negar algún progreso, pero visitar Bolivia hoy y es un país completamente distinto a la Bolivia de los 90, por no ir demasiado atrás.
Debemos asumir nuestro rol de mandantes, se nos murió un mandatario, pero si conocemos el rumbo, no le podemos errar, somos los protagonistas, los que escribimos nuestra historia.
En estos días ejemplares, de tanto simbolismo y tanta significación, mi más emocionado saludo a los hermanos latinoamericanos.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Sobre el triunfo de Obama y otros temas surtidos.


Luis O. Corvalán
Tucumán, 11 de noviembre de 2012

Una tórrida noche tucumana, allá por enero de 1984, cayó por casa el transitorio novio de una amiga de una amiga. Yo contaba 27 años vertiginosos y este personaje, que vi por única vez esa noche, sumaba con algo de optimismo unos 18 ó 19, casi una década menos que su circunstancial compañera. Luego de las informales introducciones y el típico sondeo ajedrecístico de todo nuevo encuentro, nos descubrimos enfrascados en una discusión política, pasión que nos unía. Pero las visiones eran muy diferentes, algo que lejos de ser motivo de discordia y odios, como en nuestro convulsionado e intolerante presente, era motivo de encendidos e ilustradores contrapuntos.
Mi sorpresa fue descubrir la solidez de las convicciones de este jovencito y lo bien sustentadas que estaban tanto en información doctrinaria como en datos duros de la realidad y la historia. Era un marxista de paladar negro, o de laboratorio como los llamábamos una década antes, cuando eran moda. Los más despectivos los llamaban marxistas de café. A mí me sonaba a algo superado y pude poner en práctica una serie de respuestas y cuestionamientos que pude elaborar en años de maduración y dictaduras y que me hubiera encantado poder darlas a mis compañeros de colegio que me recitaban de manera más primitiva argumentos similares a los de este nuevo idealista.
Para recordar el contexto, nuestro querido Alfonso, como llamábamos cariñosamente a Raúl Alfonsín, llevaba en el poder apenas un mes, y todavía estaba intacta la ilusión de la democracia recuperada luego de años de la más brutal dictadura de nuestra intermitente historia republicana. Que un imberbe me hable de “dictadura del proletariado” solo lo aceptaba por su escasa edad y la total inconciencia que habrá tenido en los años más crueles del pasado inmediato.
Yo consideraba mi postura una evolución superadora de las ideas del notable Karlitos que mis compañeros de colegio tildaban de “perfectas”, razón por la cual eran de difícil aceptación entre los simples mortales. Carecían de la necesidad de un “consenso” y eso obligaba a una “dictadura” llevada a cabo por una élite de autoproclamados esclarecidos. Esta estructura de poder tenía notables coincidencias con lo que acabamos de superar y en esa discusión yo dije algo el tiempo me daría la razón: ese modelo de poder tenía sus años contados. Como sabemos, cinco años después caía el muro de Berlín y hoy Rusia apoya un modelo económico no tan diferente, pero lo hace mediante el “consenso” y libre elección de su población.
Pero de los dichos de mi novel interlocutor, debo sacarme el sombrero por un vaticinio que me dijo él a mí esa noche, y que me llamó la atención porque era algo que no había escuchado de boca de mis anteriores expositores marxistas. Dijo que el gran freno a la proliferación por el mundo de las ideas socialistas eran los trabajadores y la clase media de los Estados Unidos. Esta marea de gente no sintonizaba con sus pares del resto del mundo por haberse criado en una sociedad individualista con una mirada despectiva a todo lo que sea colectivo o social, y ello era posible gracias a un muy buen nivel de vida y poder adquisitivo. Ello hacía tolerable e incluso atractivo para ellos un discurso de libre empresa, libre mercado e individualismo a ultranza. Así el poder norteamericano propalaba por el mundo estas ideas, y las imponía a todo occidente como una parte de su guerra ideológica contra el comunismo. El pibe sostenía que el día que la clase media norteamericana se vea amenazada seriamente por índices de desocupación peligrosos, caída de sueldos, perdida de sus viviendas por no poder pagar hipotecas, no poder pagar una salud privada de precios prohibitivos, iban a tener que abandonar ese egoísmo característico y buscar políticas más inclusivas y la intervención gubernamental que los defienda frente a las circunstancias. Eso generaría un cambio del sentido común que permitiría consolidar un rumbo hacia la izquierda inevitable. La intervención estatal ante situaciones graves no era una novedad en Estados Unidos, ya que ocurrió luego de la crisis de los años 30, pero era algo audaz de plantear en ese momento de pleno apogeo de las “reaganomics” y el rumbo que estaban tomando las cosas en el mundo. Un tibio intento de proponer algo distinto como hizo Alfonsín en esos días respecto a la deuda argentina tuvo una respuesta feroz por parte del “mercado”, llevándose puesto a su primer ministro de economía Bernardo Grinspun. Y el final de su mandato no fue otra cosa que una bajada definitiva de pulgar de ese mismo “mercado”.
Pero debo confesar, que casi 25 años después de esa noche, las condiciones que planteaba mi circunstancial interlocutor se dieron y el mundo pudo ver con asombro como las calles de las grandes ciudades del país del norte se llenaban de indignados y por primera vez se veía una importante cantidad de gente de clase media en una postura “anti-sistema”. En ese caldo de cultivo se dieron las elecciones de 2008 con el triunfo de un joven interracial Obama sobre un viejo anglosajón puro como McCain que no podían ser mejor metáfora de las ideas que representaban. Hoy, cuatro años más tarde, a pesar de no haber podido cumplir la mayoría de las promesas de cambio que había anunciado en su primera campaña electoral, una parte importante del pueblo le permite a Obama un nuevo mandato, sin dejarse llevar por las viejas y conocidas propuestas de libertad y repliegue estatal que no es otra cosa que decir en criollo “cada chancho atiende su rancho”.
No quiero decir que los USA se están volviendo marxistas ni mucho menos. Es como el Titanic, un mínimo cambio de rumbo exige un esfuerzo importante y si se lo hace a tiempo, puede, con algo de suerte, impedir el impacto con el iceberg, cosa inevitable si alguien con las ideas de Romney agarraba el timón.
Por similares razones, gran parte del mundo y Latinoamérica en particular, recibieron con una sensación de alivio los resultados de la elección del martes, ya que es más fácil para nosotros sintonizar con una persona que dice “nos salvamos entre todos o no se salva nadie” y que al menos intenta resolver cuitas internacionales con diálogo más que con el garrote. Eso está por verse, pero al menos alguien más “como uno” está a cargo del gran pero generalmente torpe país del norte. 
Ahora se dan cuenta los republicanos que su derrota responde a un cambio demográfico que ellos se regaron a reconocer. El voto blanco, masculino, heterosexual y anglosajón ya no es suficiente para ganar una elección por más que los locuaces y bien difundidos reaccionarios y el campesinado profundo y conservador sigan incondicionales a las propuestas del Partido Republicano. Para colmo de males lo peor y los más cavernícolas exponentes del partido se mostraban a la par del candidato y en cuanta reunión o entrevista que lograra difusión. Los negros, hispanos, homosexuales, mujeres pensantes e inmigrantes de otras latitudes son demasiados votos perdidos para esas propuestas excluyentes. A replantear muchachos! 
Las discusiones clásicas de izquierda y derecha son en torno a ideales que se elaboraron en el siglo XIX y los siglos XVII y XVIII. Pensar en aplicar esas filosofías en el siglo XXI es negar los dos últimos siglos de historia. Los avances en derechos humanos, de la mujer, del niño, la abolición de la esclavitud, las multinacionales, las uniones económicas, las armas de destrucción masiva, las Naciones Unidas, y tantas cosas más que dan forma a nuestra actualidad no existían cuando estas teorías se plantearon. Es momento de mirar al futuro y buscar nuevas ideas, sintetizar lo mejor del cúmulo de filosofías que nos trajeron hasta aquí y dar un paso al frente para exigir al menos la discusión de un nuevo rumbo. Debemos terminar con los rescates millonarios con fondos públicos a unos pocos bancos y permitir que esos mismos bancos dejen sin vivienda a 400 mil familias como ocurre en España. ¿No son “fondos públicos”? ¿Plata del pueblo? España es el ejemplo de lo que ocurre cuando luego del fracaso de una mala gestión “socialista”, se decide por el rumbo opuesto. Zapatero no pudo resolver el problema, pero Rajoy era sabido que iba a empeorar las cosas. Sólo los españoles se sorprendieron del resultado.
Así como ya nadie habla de “dictadura del proletariado”, planteo de modé si los hay, también debemos terminar con la mentira del “libre mercado” de una buena vez. Bienvenidas las nuevas ideas. No me hago grandes ilusiones pero al menos con Obama espero que no nos pongan palos en la rueda en la construcción de un nuevo sentido común. Un futuro difícil nos espera.             

martes, 11 de septiembre de 2012

11 de Septiembre


por Luis Corvalán

En este día aniversario del atentado a las Torres Gemelas, un sentido recuerdo para las tres mil víctimas del odio y el fanatismo.
También un dolido homenaje a Salvador Allende, asesinado por los golpistas al mando de Augusto Pinochet, respaldado por la CIA y el Departamento de Estado, en la persona de Henry Kissinger.
No son totalmente inconexos ambos acontecimientos. El gran país del norte, en su cínico discurso de promover las democracias por el mundo, no duda en desestabilizar, derrocar y asesinar a líderes democráticos cuando no les caen simpáticos mientras apoyan a monarquías o dictaduras saludables para sus negocios.
Celebro que latinoamérica se haya integrado como bloque y tome sus decisiones con más independencia. El atentado del 11-9-01 ha llevado la atención del gendarme mundial casi exclusivamente a Afganistán y Medio Oriente y a partir de ahí nuestro continente pudo crecer tanto en integración como en producción, disminución de la pobreza y más que nada en una identidad tantas veces postergada por las frustraciones. La prensa concentrada y nostálgicos que nos prefieren como un patio trasero se dedican a denostar a los líderes populares del continente, que a pesar de sus errores y particularidades, han levantado sus voces en nombre de los que nunca tuvieron nombre. Me parece saludable, aunque a muchos no les guste, que en las cumbres regionales se vean pieles oscuras y originarias entre sus líderes. Hay mucho por corregir, mucho más por recorrer, pero por favor, no retrocedamos. No nos olvidemos de donde venimos, de los fangos en que nos hundieron instituciones como el FMI, el BM y otras.
No nos olvidemos de Salvador Allende hoy, y de las miles de víctimas que jalonaron el camino que nos trajo hasta aquí, siempre.

martes, 28 de agosto de 2012

Difícil Presente - Agosto de 2012

Estoy pasando un año de muchos sobresaltos, esfuerzos, compromisos y muy poco descanso. Dejé algo abandonados mis comentarios políticos, muy a pesar mío. Los tiempos, convulsivos, creativos, cambiantes, críticos, invitan a la reflexión, al comentario o al exabrupto. Prometo en el futuro muy cercano empezar a agregar opiniones de nuevo aquí. La crisis europea, las elecciones en Estados Unidos y Venezuela, el renacimiento de Latinoamérica, la crispación en mi país, Argentina, merecen al menos unos comentarios y por qué no unas polémicas. I'll be back...soon.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Lo que es y lo que digo que es....


En una carta a un grupo de egresados de mi querido colegio secundario, el Instituto Técnico, fechada en septiembre de 2002, varios meses antes de las elecciones presidenciales del año 2003, mencioné, como uno de los escollos más importantes a vencer por el próximo gobierno si deseaba ser realmente transformador, a la prensa corporativa. A esta la iba a tener sistemáticamente en contra. La carta en realidad era un artículo algo apresurado y elíptico que comparaba a un hipotético gobierno débil y nuevo con la situación del equipo argentino de Copa Davis, que en esos días perdió una heroica semi-final en Moscú. (hoy se puede ver el artículo aquí)
Celebro haber hecho esa afirmación y en ese momento, cuando Nestor Kirchner era simplemente otra opción dentro de una interna peronista (que fiinalmente no se hizo, ver: Elecciones Presidenciales 2003) y ni siquiera la que mejor medía en ese momento. Este tema en sí merece un comentario propio, pero lo quería incluir aquí ya que es un ejemplo de como un grupo con poder puede exigir a extraños comportamientos y éticas que no puede exhibir como propios, simplemente porque "puede."
Hoy leo que un vocero del Departamento de Estado de USA critica duramente el reconocimiento por parte de Brasil, Uruguay y Argentina del Estado de Palestina. Y uno de sus argumentos de crítica es haber formalizado el reconocimiento sin haber exigido un cese de hostilidades por parte de los palestinos, convalidando la violencia como método de presión política.
Yo en lo personal estoy de acuerdo en que la violencia, y en particular, el poder de fuego de una de las partes no es forma de imponer razones. Como ejemplo cito lo de Malvinas. Lo que me parece inaceptablemente cínico es que esa afirmación provenga de un vocero del gobierno de los Estados Unidos, que hizo de la violencia su herramienta política por excelencia durante el siglo XX y lo que va de éste. (Puedo no poner el acento en éste según las nuevas normas de la RAE, pero soy chapado a la antigua para algunas cosas).
Pero por suerte, para la comunidad de naciones, los Estados Unidos ya no son lo que eran y eso se nota. Lejos de ese liderazgo occidental indiscutido de la época de la guerra fría, hoy el mundo está más informado, indescriptiblemente más comunicado, y las huellas de una vida dispendiosa, guerras crónicas, falta de vuelo político y problemas estructurales están más a la vista. La otrora potencia y nave insignia de occidente, hoy me asemeja a esa señora ya entrada en años, que conserva la pose de épocas mejoras, con algunas joyas aun colgadas, los vestidos algo demodé, que los más jóvenes miran con algo de respeto pero en el fondo no la toman tan en serio. Latinoamérica siguió su propio rumbo, Europa se considera, con bastante razón, estar más evolucionada socialmente así que no presta demasiada atención a sus tendencias culturales (ya hace décadas vimos el escandaloso fracaso de la Disneylandia francesa), y oriente crece a tambor batiente por su lado. China es como ese nuevo rico de la cuadra, que periódicamente le presta dinero a la señora decadente para que no se prive de algunos de sus gustos de otras épocas, sabiendo que tarde o temprano se quedará con mucho de los bienes de la señora, que no da muestras muy concretas de poder devolver los préstamos que se vinieron engordando con los años.
Viendo lo que pasa en la vereda rica de la cuadra, hay que reconocer que en este lado, llamemos así a nuestro querido continente, las cosas se viven con llamativa racionalidad, a pesar de muchas opiniones: números que cierran, crecimiento sostenido, lenta mejoría de los desastrosos índices sociales, convivencia en paz de sus países miembros. Algo tan sereno y gratificante para una región castigada por siglos, ahora en manos de sus propios habitantes. No me la contaron, me tocó vivir esas épocas en que el solo hecho de romper con el FMI era un sueño irrealizable, esa región "violentamente dulce" de Cortázar, la de las "venas abiertas" de Galeano.
Hoy respiro hondo, me lleno los pulmones de un aire de frescura y orgullo, miro la vereda de enfrente, la que me producía envidia y frustración, y me da tanta tranquilidad saber que habito aquí, ahora, en este lado de la calle, y siento la enorme satisfacción de percibir que eso es resultado de nuestro esfuerzo, de años de prédica, de sacrificios, de amigos muertos, de causas perdidas...
Hoy ser latinoamericano me suena bien, inmensamente bien...






martes, 19 de octubre de 2010

Reagan – Tinelli, encontrando el hilo conductor.


Luis Corvalán, septiembre de 2010
La tan mentada década del 70 significó tanto para nuestro país como para el el mundo grandes convulsiones, crisis y conflictos de todo tipo. Fenómenos desconectados entre sí en sus génesis fueron, con los años, confluyendo en sus efectos de tal forma que hoy resulta tentador buscar los vasos comunicantes que vinculan de alguna manera hechos que surgieron de manera aislada.
Michael Moore en su reciente documental sobre el capitalismo, ubica un momento histórico puntual como el inicio de una transformación, para mal, en las ideas que culmina con la profunda crisis de fines del 2008 coincidiendo con el triunfo, impensado meses antes, de un presidente negro y progresista en las elecciones presidenciales norteamericanas de noviembre de ese año. El evento en cuestión es la llegada a la presidencia de Ronald Reagan a principios de los 80 con un discurso que logra convencer a su pueblo y luego al mundo que la codicia es una virtud.
La era Reagan, que arranca en 1981 luego de una década de decadencia en el imperio americano, que incluye la crisis del petróleo con su enorme efecto en la calidad de vida del ciudadano medio, obligando al país a abandonar el patrón oro como sostén de la moneda desatando una fuerte inflación, el escándalo Watergate que se lleva puesto por primera vez en su historia a un presidente en ejercicio y la humillante derrota militar de Vietnam, incluyendo otros episodios menores. Estos hitos, ocurridos todos en un muy breve lapso, dieron la sensación al pueblo americano de un sentimiento de haber “tocado fondo” de alguna manera.
Reagan aparece con su política de liberalismo económico recargada y la codicia como zanahoria para traccionar los alicaídos negocios, disminuyendo cargas impositivas para los más ricos, abandonando planes sociales y todo tipo de intervención estatal a favor de las clases pobres y marginadas. Su matemática simple era que con los votos de los ricos, clases medias y medias altas más los que aspiran a entrar algún día en esas categorías era más que suficiente para ganar elecciones en un país con niveles de vida históricamente altos.
Coincidiendo en el tiempo, Margaret Thatcher era el reflejo inglés de estas políticas y entre ambos guiaron al mundo a un liberalismo extremo, en políticas y en conciencias. En este contexto los EE.UU. presionan el acelerador de la carrera armamentista y empieza a poner en evidencia las grietas económicas y de gestión del vetusto aparato soviético. Para fines de esa década cae el muro de Berlín y los analistas políticos occidentales interpretan esto como el triunfo del capitalismo por sobre el comunismo.
En ese ínterin, en la Argentina ocurría lo suyo: desde 1976 gobernaba la peor dictadura de la historia. Su ideólogo civil en lo económico, José Alfredo Martínez de Hoz era miembro de la Trilateral Comissión. Esta agrupación era la impulsora del concepto de “división internacional del trabajo” que asignaba a cada país un rol determinado en lo productivo según sus características. A la Argentina le tocaba ser proveedora de granos, carne y una mínima agroindustria, ramas en que la consideraban competitiva. Las demás industrias debían sucumbir si no lograban sobrevivir sin protecciones, con un dólar subvaluado y un mercado abierto al mundo.
Luego de siete años de sistemática destrucción del aparato productivo argentino, construido durante décadas por miles de pequeños y medianos emprendedores que formaban en una verdadera burguesía nacional, la mayoría desaparecieron y alguno que otro, en su afán por sobrevivir, transformaron sus fábricas en depósitos y se convirtieron en importadores de lo que antes fabricaban.
Con el país endeudado y destruido, con una guerra perdida, una generación diezmada, una desocupación preocupante y una inflación crónica, se recupera la democracia y la república a fines de 1983.
Raúl Alfonsín asume en pleno apogeo de las ideas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher gobernando occidente. Con dignas intenciones en lo político, promoviendo el juicio a las juntas militares que acababan de abandonar el poder, trataba de consolidar las instituciones y de convencer a un pueblo, que desde 1930 venía viviendo entre gobiernos civiles y militares, que la democracia además de un sistema de gobierno es un valor en sí mismo y que su abandono tiene consecuencias literalmente trágicas.
Pero en el aspecto económico no puede avanzar. Con un país desarticulado en lo productivo, desbalanceado y endeudado en lo económico y aislado en su negociación con los acreedores, ya que su proyecto de formar un club de deudores fue enérgicamente rechazado por éstos y sin colegas en la región con el coraje necesario para secundarlo, debe arriar sus banderas y abandonar sus promesas electorales. No se reabren las fábricas, el crédito no existe, no logra impulsar la educación y la salud públicas, ni siquiera logra recuperar el nivel de vida previo a Martínez de Hoz, algo que quedaría en el imaginario colectivo como lejano recuerdo de tiempos mejores.
Sobre el final del mandato de Alfonsín, el poder económico, coordinado por el que sería el artífice del retorno explícito a los postulados de Martínez de Hoz en la siguiente década, Domingo Cavallo, produce un fenomenal golpe de mercado que genera un proceso hiperinflacionario que deja el país sumergido en una pobreza sin precedentes y lo expulsa del gobierno seis meses antes. De paso se da un mensaje claro al presidente electo, haciéndole saber dónde está el poder real en la Argentina.
Tan convincente es el mensaje que el nuevo presidente Carlos Menem, para garantizar su gobernabilidad, entrega el Ministerio de Economía a uno de los grupos económicos más poderosos de esa época: Bunge & Born.
El inicio de su mandato coincide con la mencionada caída del Muro de Berlín. Con Fukuyama declarando el “fin de las ideologías” y el consenso de Washington formalizando el nuevo liberalismo a ser aplicado a todos los países que pretendan algún tipo de pertenencia a o asistencia de los organismos multilaterales de crédito, se institucionaliza el “pensamiento único”. El debate político, el intercambio de ideas, los sueños transformadores, pasan a ser cosas absolutamente “demodé”. Impera el dicho “el que piensa…pierde!”
Y la deuda todavía sin pagar. De ahí al festival que liquidaría los bienes del estado construido con el esfuerzo de generaciones de argentinos había solo un paso.
En ese contexto, surge un joven y fresco conductor que a la medianoche de la recientemente privatizada televisión se dedica a pasar videos y “bloopers” (palabra que conocimos gracias a él) divertidos. Comienza a captar adeptos a ese formato que no requiere de autores, ni guionistas, ni actores, ni ensayos ni elaboradas producciones. Es el ideal del nuevo capitalismo salvaje que comienza a inundar a la sociedad y sus conciencias: minimizar gastos, optimizar ganancias…nace un nuevo fenómeno nacional: “Video Match”.
Sobre el campo arado por la dictadura, que disolvió sindicatos, centros de estudiantes, prohibió la política y reprimió con la tortura y la muerte cualquier tipo de activismo, incluso un simple reclamo por un boleto estudiantil, surgen las nuevas generaciones de jóvenes con nulas inquietudes políticas. Esto será la base de sustentación del “pensamiento único” reinante en la década del 90. La economía en “piloto automático” por años mientras se cerraban empresas, trepaba el desempleo, se deterioraba la educación y la salud pública, la desaparición del ferrocarril, la explotación de hidrocarburos pasando a manos privadas, mayoritariamente extranjeras y tantas otras privatizaciones como la del agua potable o aerolíneas solo se explica por la existencia de sindicatos dóciles y un pueblo desmovilizado, desinteresado, conformista y convencido de que la política había pasado de moda.
Sólo en semejante panorama se entiende el encumbramiento de un personaje tan chato, mediocre y chabacano como Marcelo Tinelli, amo absoluto del rating televisivo.
El modelo único finalmente mostró su inviabilidad y la obstinación por mantenerlo vigente no hizo otra cosa que aumentar el estrépito de su caída. El estallido de diciembre de 2001 que se llevó puesto a cuatro presidentes en una semana, puso al pueblo en la calle por primera vez en años. Todos, no ya sectores, salieron a manifestarse. Parecía que volvía la política. Fue una ilusión linda. Cuando lo peor de la crisis pasó, las asambleas barriales, que fueron la consecuencia de esa participación popular, desaparecieron con la misma velocidad con que nacieron. Pero al menos era una señal, el pueblo mostraba pulso, tenía aún capacidad de reacción.
La salida de la convertibilidad permitió al país volver a producir. Por varios años anduvimos abocados a acomodar los números. Reducir un intolerable nivel de desempleo, recomponer salarios, disfrutar por primera vez en mucho tiempo de superávit de números, dar la espalda al FMI, en una palabra, convertir a la Argentina en un país viable. Incluso prolijar algunas calamidades de los 90 como fue la Corte Suprema de Justicia. La cosa iba poniéndose interesante. En eso estábamos cuando en marzo del 2008 estalló el conflicto del campo. Fue un hecho serio que desembocó en grave por el grado de conflictividad y polarización en la opinión pública que generó.
Por primera vez en mucho tiempo, un conflicto estalla no por una crisis fáctica: un cierre de fábrica, una corrida bancaria, una devaluación, incertidumbre política, sino por un acto administrativo. Un tironeo por intereses, por plata, por utilidades.
Empezaron las discusiones, las tomas de posición, las interpretaciones, las chicanas, los medios tomando parte activa. Así, sin pensarlo demasiado, sin que nadie lo anuncie con bombos y platillos, simplemente un día estaba ahí, en medio de nosotros: la política estaba de vuelta!
Hoy es moneda corriente hablar de “correr por izquierda”, “centroderecha”, “progresismo”, “distribución de riquezas”, “modelo económico”, “sustentabilidad” y tantos otros términos olvidados durante años.
Conflictos hubo siempre. Pero conflictos con debate, con discusión, incluso con peleas e insultos, son señales de salud democrática, de sociedad viva, de posibilidad de transformación.
Dejar de hablar del FMI, de deuda externa, de riesgo país, de “stand by”, para pasar a discutir de jubilación estatal, ley de medios, matrimonio igualitario, uso de reservas y muchos otros temas que merecen aparecer es un buen síntoma de los tiempos que vivimos.
El reclamo, la protesta, la movilización, las manifestaciones son expresiones de una sociedad en transformación que trata de moldear su perfil. No es función del dirigente o del funcionario reprimir estas manifestaciones, sino interpretar y canalizar los reclamos. En mandatario es el pueblo, y las autoridades electas son mandantes del pueblo. Por esa razón, es una muestra de salud intelectual, que los jóvenes estudiantes porteños, en estos días, hayan alzado su voz con sus reclamos. Y hay que atenderlos, porque han tomado conciencia de su lugar en la sociedad, de sus derechos. En una ciudad rica como Buenos Aires, con un estado solvente, con presupuesto, no puede tener los problemas que tiene en el área de la educación pública.
Si esto es solo una manifestación esporádica, como fueron las asambleas barriales, pasará como otra anécdota urbana. Si es el renacer de un debate político entre los chicos, en los centros de estudiantes, en sus casas con los padres, en sus foros y clubes, hay una esperanza de contar con dirigentes capaces y una sociedad vigorosa en un futuro cercano. Si esto es así estaremos presenciando el principio del ocaso del conductor estrella que se mantuvo por dos décadas gracias a un público que prefiere el “no pensar”.
Esta última afirmación es algo optimista, hay que reconocerlo. Pero gracias a los optimistas el mundo avanza, no?